“Järgmine peatus, Vabaduse Väljak” eso es lo que escucho siempre que vuelvo de la universidad. Me bajo en la “Plaza de la Libertad” para volver andando a la residencia universitaria en la que vivo, parecida a Monterols donde vivía el año pasado. Mi estancia en Monterols, entre otras cosas, me ayudó a tener una mente abierta y ganas de conocer mucha gente. Cosas que me están ayudando mucho ahora que vivo en Tallinn, la capital de Estonia, un país de Europa poco conocido, pero con mucho futuro y que ahora mismo tiene la presidencia del consejo de la Unión Europea. Aquí en la universidad, en los programas en inglés como el que estoy haciendo, hay muchísima gente de fuera, de casi todos los países que te puedas imaginar, Rusia, EE. UU., Nepal, Nigeria, Ghana, Brasil… Así he podido hacer amigos de distintos países, cosa que enriquece mucho, pues conoces formas distintas de ver la realidad.

Estonia es un bello país, con una gente que dan la impresión de ser muy reservados y fríos, pero en cuanto coges confianza te das cuenta de cómo son de verdad. Son gente muy buena, con una cultura increíble. Así como dato, es muy normal ver, a casi cualquier hora del día, a niños pequeños que van solos por la calle, jugando o yendo al colegio. Otro dato más de la confianza que tienen la gente lo descubrí este sábado, cuando fuimos a Tartu con el club juvenil en el que ayudo. Después de visitar “Ahha Keskus” un museo parecido al CosmoCaixa, fuimos a comer a un centro comercial de la ciudad. El principal organizador del plan era el que había llamado el día anterior para reservar el sitio donde íbamos a comer, pero no le pidieron ningún dato ni nada para la reserva y cuando llegamos, estaba todo preparado y sin vigilar, en definitiva, tenían total confianza en que íbamos a aparecer, íbamos a pagar, y nadie iba a tocar eso. “See on Eestimaa” “Esto es Estonia”.

Gran parte de la cultura de este pequeño estado se basa en la naturaleza, no es de extrañar cuando más del 50% del país es bosque y alrededor de un 20% son pantanos y ciénagas. Las carreteras suelen ser muchos kilómetros en los que a tus lados solo ves árboles y más árboles. Todo eso no impide que a la vez sea un país muy tecnológico en que, prácticamente todo se puede hacer por internet. El primer paso es tener el documento de identidad digital sin el cual andas un poco perdido. Otro elemento muy importante de la cultura es la música y eso se ve reflejado en el “Laulupidu” el festival de la canción que tiene lugar cada 5 años, aunque también hay un “Noortelaulupidu” que es el de niños y jóvenes que suele ser entremedias. Es un evento que tiene lugar en Tallinn donde se reúnen coros de todo el país, llegando a cantar 30.000 personas a la vez. Lo normal es que un estonio participe un coro.

Aprender el idioma resulta entretenido ya que muy pocas palabras se parecen al castellano o al catalán, pero por eso hay cosas divertidas. Por ejemplo, tienen cierto gusto por los nombres femeninos, “tere” significa hola, mientras que “isa” significa hola. Aunque lo más “entusiasmante” es como la pronunciación puede cambiar completamente el significado “üks” quiere decir “uno”, sin embargo, “uks” es puerta, pero vamos a más, en genitivo “fuego” se escribe “tulle” mientras que “viento” es “tuule”, en la pronunciación solo cambia la longitud de la vocal. El tema de las vocales dobles es un distintivo del idioma, por eso mi nombre “estoneizado” sería Haavi. Aunque no solo las vocales, pueden ser largas, la palabra “casa” en genitivo es “maja” (la j se pronuncia como ll) y en partitivo “maja”, pero la “j” se pronuncia más larga, sería algo como mallia.

El otro día estaba volviendo de una feria sobre ingeniería un amigo estonio me dijo: “You’re cool” cosa que me descolocó bastante y le pregunté que qué había dicho, a lo que respondió eso, que por ser español y venir a Estonia, estudiar el idioma… Le dije: “No, no, hahaha that’s weird, no cool” a lo que nos reímos, y respondió: “Well, maybe, hahaha”. Esto me recuerda un hecho notable, y es que en general los estonios hablan muy bien el inglés. Los chavales del club juvenil tienen un buen dominio de dicho idioma, así es que puedo ayudar y hacer actividades con ellos. Es más, algunos chavales de los que vienen van a un colegio que, estudian 4 idiomas, estonio, ruso, inglés y pueden elegir entre francés o alemán.

Otra cosa que me llamó la atención es que cuando nevó muy fuerte hace tres semanas, creo que fueron unos 10 cm de nieve, todo siguió como si nada, es decir, lo que en Barcelona habría sido un colapso total, no hay colegio, no hay trabajo… aquí era manejado muy rápidamente. En seguida por la mañana habían pasado las máquinas para poder circular, algunos trabajadores limpiaban los soportales y algunas calles… Y eso que es una nevada más pronto de lo normal.

En definitiva, Estonia, es un país estupendo para vivir. Y para quien piense que hace mucho frío he comprobado el refrán ingles que me contaron antes de venir, es algo así como: “No existe el frío sino falta de ropa” el que los estonios fueran los primeros que vi en ir por la calle con gorro, guantes y bufanda por la calle lo corrobora.