Entre los días 25 y 31 de Julio, vimos cómo sería nuestra nueva casa. La reforma ha dejado Monterols como nuevo.  Y cuando algo está nuevo, tenemos que aceptar  todas sus consecuencias… Los muebles, las lámparas, las luces, los cuadros, los libros y todo lo que os podáis imaginar que puede tener un Colegio Mayor, estaban aún por colocar. Nuestra misión consistía básicamente en volver a hacer habitable el Colegio Mayor.

El disgusto llegó cuando nos dimos cuenta de que el ascensor, después de subir un par de colchones y unos pocos somieres, había dicho basta. Nuestras caras al ver que lo tendríamos que subir todo por las escaleras fueron un poema. Pero con buen humor, y con las ganas que teníamos de ver cómo quedaría nuestra casa amueblada, nos pusimos manos a la obra, nunca mejor dicho. Nos consolábamos pensando que mientras muchos pagaban por ir al gimnasio, nosotros sin soltar un céntimo  nos estábamos poniendo como toros.

Algunos calculaban los metros de desnivel acumulado, como si de una excursión a la montaña se tratara, pues con los cinco pisos que tiene Monterols salían cifras bastante respetables. Cantábamos y reíamos… Cualquiera hubiese dicho que estábamos trabajando… Pero lo cierto es que trabajábamos con la ilusión de estar montando nuestra propia casa.
El día 31 de Julio acabamos nuestra primera misión en Monterols. Aunque aún faltaban pequeños detalles, el trabajo más pesado ya estaba hecho. Nos fuimos, con la ilusión de que al cabo de un mes estaríamos viviendo ya en nuestra nuevo hogar, Monterols. Ahora vamos pasando algunos días para ayudar a acabar de preparar todo para poder ir a vivir el próximo de 1 de septiembre.